Deporte por edades. Para tener en Cuenta. Parte IV

En plena madurez

Durante la vida adulta, la persona que no es un deportista profesional debe realizar una actividad física que le permita mantener un buen estado físico. Por salud se recomienda practicar un ejercicio aeróbico para prevenir diversas enfermedades, como los problemas cardiovasculares, el sobrepeso, la hipertensión, la diabetes y los desajustes osteomusculares. En esta edad sirve desde una caminata a paso rápido hasta el trote, el ciclismo, la natación, el baile o las danzas. Estas actividades permiten mejorar la función articular y el estado físico en general. Una de las actividades que deben realizar son las de estiramiento antes de la práctica para evitar la rigidez muscular, prevenir lesiones y espasmos. Como complemento se puede hacer una rutina corta para mejorar el tono y la fuerza muscular, para lo que se recomienda usar pesos suaves. Al igual que un joven, la persona adulta que no padece ninguna enfermedad crónica puede tener una intensidad deportiva de moderada a fuerte. Si la persona es un deportista de alto rendimiento requerirá de seis a ocho horas diarias de entrenamiento. De acuerdo con el desempeño físico y las cargas de trabajo del individuo, hay que enfatizar en la morfología, la estrategia y la técnica deportiva.

En la última etapa de la vida

Para asegurar una vida larga y plena, lo ideal es combatir la información de la genética con un estilo de vida activo. Aunque la herencia es una mitad que está dada, el otro porcentaje de la forma en que se envejece depende del estilo de vida que se tenga. Muchas de las enfermedades crónicas y degenerativas disminuyen notoriamente con una actividad física regular. El adulto mayor llevar una vida normal incluso después de los 80 años si se mantiene activo físicamente. Además, el ejercicio en esta edad actúa como lo hacen las vacunas en la infancia, debido a que se trata de una etapa conde se experimentan muchos cambios. En la mujer, por ejemplo, con la menopausia se desencadenan una serie de cambios hormonales que incrementan el riesgo de enfermedad cardiaca y de osteoporosis, pero, como es bien sabido, el ejercicio de intensidad leve a moderado junto con una alimentación apropiada constituyen la mejor forma de atenuar esos reveses que se presentan con la edad. En el adulto mayor la actividad debe ser de leve a moderada y debe buscarse una que mejore la capacidad cardiaca. La mayoría de las actividades van encaminadas a la prevención o como coadyuvantes de la terapia médica para las enfermedades crónicas, en el proceso degenerativo o los problemas osteomusculares, pero deben evitarse los deportes fuertes y de contacto. Antes de ponerse en marcha, es importante realizar una evaluación médica previa y que el ejercicio prescrito por el médico se haga de forma regular, con una frecuencia no menor a cuatro veces por semana de tal manera que se puedan alcanzar los beneficios de la actividad física.

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