Deporte por edades. Para tener en Cuenta. Parte II
En la edad preescolar
Todo niño es sinónimo de movimiento. Sin embargo, los avisos con la advertencia: “Peligro: niños jugando” ya se extinguieron en la ciudad. Primero, porque la calle no es un lugar seguro para jugar y, segundo, cada vez son más escasos los parques y las zonas verdes. Hay muchos médicos que ven con preocupación el rápido crecimiento de la obesidad infantil y los problemas del desarrollo de la motricidad debido a que los niños son menos activos y pasan la mayor parte del tiempo libre estáticos frente al televisor, computador o juegos de video. De ahí que hoy se vean enfermedades en niños que hace unos años estaban reservadas para los adultos, como la hipertensión y las dislipidemias.
Desde que el niño es capaz de moverse de forma independiente hay que permitirle que realice la mayor cantidad de actividad física y no inducirle hacia un deporte determinado a una edad temprana. Se aconseja que el menor tenga su primer contacto con el agua hacia los cinco años para que le pierda el miedo y aprenda a desenvolverse dentro de otro medio ambiente. La modalidad de la gimnasia artística también sirve en la edad preescolar de complemento para el desarrollo de la función motora.
Hacia los siete años la actividad física debe involucrar elementos como pelotas, lazos, bicicletas y otros objetos. Después de aprender a moverse, debe adquirir la habilidad de modificar lo que hay en el medio ambiente, variando los tiempos y las distancias. Hacia los diez años los juegos de pelota sirven para fomentar el desenvolvimiento social con equipos. En esa edad deportes, como el fútbol, el baloncesto y el voleibol contribuyen para que aprenda a trabajar en grupo y mejore la forma de interactuar con los demás.
Para los preadolescentes
Para que el hijo tenga una buena salud en el colegio, hay que inducirle a que realice una mayor cantidad y variedad de ejercicios. Está comprobado que los niños que hacen actividad física tienen menos lesiones y un menor número de ausencias en el colegio por enfermedad. Sin embargo, muchos padres vuelcan sobre el hijo la ansiedad de verle sobresalir en el deporte que ellos hubieran querido practicar y le obligan a practicar una disciplina deportiva que requiere de muchas horas de entrenamiento. Esto no es apropiado para el desarrollo, pues el niño debe realizar diferentes actividades para que reconozca sus habilidades y más adelante pueda elegir la de su predilección. Si tiene preferencias por un deporte, puede ir especializándose a partir de los 12 años, no antes. Las niñas también pueden involucrarse en actividades físicas con los varones. Lo importante, para ambos sexos, es que el ejercicio se acompañe de un trabajo de resistencia física o una actividad aeróbica, que proporcione beneficios cardiovasculares. Eso se consigue buscando actividades donde pueda correr, pues no es usual que un niño a esa edad salga a trotar solo, sino que por naturaleza prefiere los trabajos divertidos y en grupo. También debe hacer ejercicios de fuerza utilizando el peso de su propio cuerpo. Si el hijo tiene tendencia al sedentarismo, los padres pueden compensar la actividad física con uno de sus pasatiempos favoritos, como jugar con el computador, ver su programa de televisión favorito. No se puede olvidar que en la niñez y en la adolescencia el organismo tiene un pico máximo de osificación, por lo que la actividad física resulta fundamental para favorecer la absorción de calcio.
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